Chivas debe decir sí a los naturalizados

“Si es mexicano y tiene talento puede jugar acá, sin importar donde haya nacido”. Las palabras de Johan Cruyff calaron hondo en la afición de las Chivas Rayadas del Guadalajara, que en su mayoría se manifestó inmediatamente en contra de la posibilidad de permitir jugadores naturalizados en el equipo.

El argumento es de sobra conocido: el Rebaño Sagrado se distingue por su política de jugar sólo con jugadores mexicanos por nacimiento; esa tradición es parte primordial de la identidad del Guadalajara y es impensable cambiarla.

Lo cierto es que, si Chivas quiere volver a lo más alto del fútbol mexicano, tendrá que renunciar a su tradición.

Los aficionados rojiblancos pueden presumir su nacionalismo todo lo que quieran, pero lo cierto es que su equipo acumula ya seis años desde su último título de Liga, el Apertura 2006. Entonces habían pasado nueve años desde el anterior (Verano 97), que distó 10 años del último obtenido en torneo largo (1986-87), el que a su vez aquél rompió una sequía de 17 temporadas (1969-70) sin una corona.

Tres títulos en 42 años. Tres campeonatos de los últimos 60 disputados entre temporadas largas y torneos cortos. En ese mismo lapso el América suma nueve coronas, el Toluca ocho, Cruz Azul y Pumas siete, Pachuca cinco, Monterrey y Santos Laguna cuatro, Tigres y Necaxa los mismos tres que el Rebaño. Eso no es digno de un equipo grande.

La nostalgia no gana títulos. Mientras se aferren a su política de sólo mexicanos, las Chivas estarán siempre en gran desventaja ante el resto de la Liga MX. Por muy bueno que haya sido el trabajo de sus fuerzas básicas en años recientes, la cantera no es suficiente para ganar coronas, ni en México ni en ninguna liga de alto nivel.

Y aunque Jorge Vergara por fin haya decidido abrir la cartera en busca de los refuerzos que por años pedían sus técnicos y la afición, en ese aspecto también se ve superado por clubes de mayor poder económico. Mientras el Guadalajara se lleva a Luis Pérez y Rafael Márquez Lugo, dos veteranos de buen nivel, Tigres, Cruz Azul y América se dan el lujo de repatriar a Carlos Salcido, Pablo Barrera y Efraín Juárez, parte importante de la selección mexicana en los últimos años, por más que alguno de ellos no estuviera en el mejor momento de su carrera al volver a México.

Admitir naturalizados en el equipo es un primer paso para equilibrar la balanza. Al principio será “extraño” ver a un Leandro Augusto, Damián Álvarez o Daniel Ludueña con la camiseta rayada, pero con el tiempo se entenderá que fue la mejor decisión. Hace unos años fue un drama la contratación de Gerardo Mascareño, mexicano por nacimiento que había nacido en Estados Unidos; hoy nadie pone en duda que Jesús Padilla o Miguel Ponce tengan derecho a jugar para el Rebaño.

Basta ya de xenofobia disfraza de patriotismo. Los naturalizados son mexicanos según la Constitución, con los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro.  Es hora de que Chivas les abra las puertas.

Sígueme en Twitter: @luisrha

Originalmente publicado en Goal.com

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