El día después de los 30

Pasó la fecha temida. No, no me refiero al 24 de abril de 2012, sino al 25. El día después de mi cumpleaños número 30.

Me levanto muy pasado el mediodía y no siento signos de resaca pese a la mezcla de cerveza y vodka de la noche anterior. Bien, mi cuerpo aún controla sin problemas el alcohol, una preocupación que pasaremos entonces a los 40.

Avanzo un poco de trabajo y considero la posibilidad de no salir a hacer ejercicio. A diferencia de semanas anteriores, en que terminaba dejándolo para mañana, me obligo a ponerme los tenis y me voy a pedalear. Tal parece que ahora soy más consciente de cuidar mi salud.

Durante mi paseo, un mosso d’esquadra me detiene y me amonesta por llevar los auriculares puestos mientras voy en bicicleta. Lo escucho calmadamente, prometo no usarlos más y sigo mi camino sin mayores contratiempos; en otros tiempos quizá habría hecho un comentario sarcástico y obtenido a cambio una multa. Esto indica que soy también más sabio.

De noche, aún en short y tenis tras el partido del Madrid, mis amigos me llaman para ir al mismo bar al que he ido cinco noche en la última semana y media. “Tengo hueva, vamos el fin de semana”, es mi respuesta… y no logran convencerme de lo contrario.

Aparentemente también me he vuelto un aburrido.

Carajo, debí quedarme en los 28.

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