Primera División mexicana: la liga de los campeones chiquitos

El campeón mexicano tuvo miedo de competir en la Copa Libertadores.

Hace ocho meses, Pumas culminaba una sorprendente temporada con la conquista de su séptimo título del futbol mexicano. Una muy buena camada de jugadores respaldada por un fuerte grupo de veteranos y un técnico revelación le dieron a la afición universitaria motivos para ilusionarse con una nueva etapa dorada.

¿Qué pasó después? La directiva decidió dejar ir a dos jugadores clave y algunos veteranos de reparto, no reforzarse y jugársela con un plantel que obligaba a incluir entre seis y 10 novatos por convocatoria. El resultado: un torneo gris, varias goleadas en contra y de la liguilla ni hablar. El campeón ni siquiera pudo defender su título en la fiesta grande.

Hace dos meses, Tigres ponía fin a una sequía de casi tres décadas al imponerse a Santos Laguna en la final del Apertura 2011. Años de gastar en refuerzos en todas las líneas por fin dieron el fruto deseado. El mismo día que su archirrival Monterrey fracasaba en el Mundial de Clubes llegaba la hora de brillar para el conjunto felino.

¿Qué pasó después? Con boleto a la Copa Libertadores en mano, Ricardo Ferretti volvió a mostrar su clásico desdén a las competencias internacionales e increíblemente la directiva le siguió el juego. Tigres ni siquiera se molestó a registrar a los jugadores titulares en el torneo, mandó a un equipo suplente a la eliminatoria contra Unión Española y quedó eliminado en su propio campo.

Valientes campeones tenemos en el futbol mexicano. Es tal la mediocridad imperante en nuestra liga que una vez obtenido el título local ya no hay ambición para metas mayores, poco importa que dicho estatus apenas dure unos cuantos meses.

En Pumas un campeonato es suficiente para justificar el progresivo desmantelamiento del plantel. Claro, la cantera poco a poco reemplazará parte del talento que se va del club, pero mientras tanto el equipo se vuelve uno más de los que simplemente aspira a colarse en la liguilla o al menos no involucrarse en la lucha por no descender. Con volver a ser contendiente en dos o tres años basta.

Lo de Tigres resulta inexplicable. Si su sequía de títulos no hubiera terminado ya podría entenderse que le diera prioridad absoluta a la liga, pero siendo ya el campeón de México, ¿por qué no ir por más? Teniendo plantel de sobra para pelear con los mejores del continente, parece que sólo le interesa ser el mejor equipo de Nuevo León.

Y luego los dueños del balón se preguntan por qué la liga mexicana pierde interés, por qué baja la asistencia a los estadios y decaen los ratings mientras cada vez más aficionados jóvenes prefieren seguir la Champions League, el futbol español y la Premier inglesa. Como si no resultara obvio.

Con el gran Barcelona de Pep Guardiola y Lionel Messi a un click de distancia, con el ejemplo de una Premier League con gran nivel y competitividad, ¿quién quiere ver una liga en la que incluso los campeones son equipos tan chiquitos?

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2 respuestas a Primera División mexicana: la liga de los campeones chiquitos

  1. José Manuel dijo:

    Lo de Pumas se puede entender, sin justificar, desde la debilidad presupuestal del club. De lo demás creo que tienes toda la razón, una liga con 4 equipos grandes, de verdad, generaría mucha más atención que el chiringuito que tiene ahorita la federación, donde cualquier día Tecos llega a la final.

    • luisrha dijo:

      Y hay que considerar que, si bien Pumas no tiene una gran empresa que lo respalde como a Tigres o América, tampoco es que se encuentre en la indefensión presupuestaria.

      Se trata de uno de los equipos con mejores entradas del país, de los que más camisetas y productos similares venden, con patrocinadores de mucho peso y un contrato televisivo que debería estar entre los 5 más cuantiosos de la Liga.

      Si a esto sumamos que en los últimos años ha vendido un buen número de jugadores (Moreno, Solari, Barrera, Efraín, Leandro, Castro) por cantidades nada despreciables, resulta difícil entender que no se pueda invertir en refuerzos de tanto en tanto. No se trata de romper el cochinito -Martín Bravo llegó gratis, por ejemplo-, sino de simplemente darle a los jóvenes de la cantera el respaldo necesario para ser competitivos siempre.

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