A los Ángel Verdugo de México: No somos franceses, pero deberíamos parecernos

A estas alturas mis nueve lectores ya están enterados del escándalo desatado por Ángel Verdugo, un comentarista de cuarta que aprovechó el espacio que le brinda una estación de radio para conminar a los conductores a aventarle sus vehículos a cualquier ciclista que vieran en la calle, a aplastar a esa nueva plaga de langostas, como él la llamó, “para ver si así entienden”.

El dichoso pseudoperiodista ya está enfrentando las consecuencias de su estupidez: fue suspendido indefinidamente en Grupo Imagen, vilipendiado en las redes sociales por miles de personas y denunciado penalmente por Gobierno del Distrito Federal.

Pero el problema no termina en “castigar” a Ángel Verdugo por sus comentarios, por más que ahora trate de disfrazarlos como “fino sarcasmo”. Lamentablemente, así como miles alzaron la voz contra él, hay también miles con la misma mentalidad.

Para mucha gente, el esfuerzo que está haciendo el GDF y otros gobiernos locales para incentivar el uso de la bicicleta es no sólo inútil sino equivocado. Los amigos del automóvil se escudan en argumentos como los siguientes:

 “No hay cultura ciclista”. En esta concepción, el mexicano está acostumbrado a su carro, a quejarse del tránsito y a mentársela el vecino; nada va a cambiar eso. Claro, porque los europeos nacieron con una bicicleta entre las piernas.

Es cierto que no hay una cultura ciclista en nuestro país. Tenemos que crearla. Tomará mucho tiempo, por supuesto, pero esto no significa que no debamos hacerlo.

“Los ciclistas no pagan”. Esto lo leí en los comentarios a la noticia de que la delegación Benito Juárez planea construir una extensa red de ciclopistas. El furibundo automovilista que escribió esto sentenció que el no paga tenencia e ISAN para que el gobierno tire el dinero en vías para ciclistas que no pagan impuestos.

Es cierto, no hay un impuesto a las bicicletas. Pero por otra parte, los ciclistas no consumimos gasolina subsidiada por los impuestos que pagan todos los mexicanos, tengan auto o no. Tampoco contaminamos ni ocupamos 10 metros cuadrados para estacionarnos. Y si tenemos un accidente, no hace falta que el gobierno local mande una grúa para llevarse la bici al corralón.

“Nadie usa las ciclopistas”. Es cierto, las pocas ciclovías existentes en la ciudad de México aún tienen muy poca afluencia. Sea la que corre a un costado de Periférico, por el Paseo de la Reforma o en Chapultepec, es muy poca gente la que las aprovecha.

Lo que hay que entender es que esto no es cuestión de desinterés, sino de que la red es aún insuficiente.

¿Cómo animarse a hacer un viaje de 10 kilómetros en bicicleta si sólo los primeros tres van por una ciclopista y luego hay que sortear automóviles y peatones? Si quiero ir de Parque Hundido a Chapultepec, ¿debo recorrer el doble de distancia para poder tomar la pista en Periférico?

No se trata simplemente de tener un carril para pasear. No bastan 50 o 100 kilómetros de ciclopistas en puntos aislados de la ciudad. Para que un el uso de la bicicleta aumente de forma considerable se necesitan cientos de vías que conecten tantos puntos como sea posible.

“No somos ciudad europea”. Quienes opinan así creen que la cultura ciclista es un simple capricho de gente fresa que reniega de su México tras visitar París, Ámsterdam o Zurich. “Se creen franceses”, decía Ángel Verdugo burlonamente en su nefasta intervención en la radio.

¿Qué creen? No es un capricho, es una necesidad.

Urbes del tamaño de la ciudad de México no se dan abasto para la movilidad de miles de autos todos los días. Por más segundos pisos que se pudieran construir, simplemente no hay espacio suficiente para tanto carro.

Gran parte del problema es que la gente utiliza el automóvil para viajes relativamente cortos, digamos de uno a tres kilómetros. Se trata de recorridos que a pie toman entre 10 y 35 minutos, por lo que muchos prefieren hacerlos en automóvil, contribuyendo a la congestión vial y la contaminación ambiental. Dichos recorridos tomarían de cuatro a 12 minutos en bicicleta.

En Europa se dieron cuenta hace muchos años que la bicicleta era una alternativa importante para el transporte en las grandes ciudades. Ciudades como Bogotá y Nueva York también han entendido esto. ¿Y nosotros cuándo?

A los Ángel Verdugo del mundo: cierto, no somos franceses, pero deberíamos parecernos.

Esta entrada fue publicada en Vida y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s