Caso clembuterol: La apelación de la WADA, estupidez burocrática

Dos años de suspensión. Ese es el castigo que pide la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) al Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS) para Guillermo Ochoa, Francisco Javier Maza Rodríguez, Christian Hobbit Bermúdez, Édgar Dueñas y Antonio Naelson Sinha.

¿Su delito? Comer carne en un país en el que la mitad de la carne está contaminada por una sustancia prohibida. Que dicha sustancia no tenga utilidad práctica en el futbol es irrelevante.

La WADA apela la decisión de la Federación Mexicana de Futbol de absolver a los jugadores basada en que todo resultado positivo se considera dopaje, sin importar si hubo dolo o negligencia.

Pero la WADA se olvida de su propio código, que en el artículo 10.5 establece lo siguiente: “Cuando un deportista demuestre, en un caso concreto que no existe conducta culpable o negligente por su parte, se anulará el período de suspensión aplicable (…) el deportista deberá demostrar igualmente de qué forma se introdujo la sustancia prohibida en su organismo para que se levante el período de suspensión”.

Hay que señalar que el artículo está redactado de forma contradictoria. Si en el consumo de la sustancia no hubo conducta culpable o negligente, es decir, fue accidental, ¿cómo demostrar al 100 por ciento la forma en que se introdujo la sustancia prohibida en el organismo?

A reserva de conocer en su totalidad el expediente integrado por la FMF, todo indica que en la apelación de la WADA ha prevalecido la burocracia sobre el sentido común. No es la primera vez en lo que va de esta historia.

Pocos después de que la FMF reportó el caso, el 15 de junio, Olivier Rabin, director de Ciencias de la WADA, había reconocido la necesidad de establecer parámetros en los que la aparición de clembuterol en el organismo se considere dopaje o no de acuerdo a la cantidad, tal y como ocurre con productos como la cafeína.

“Debemos considerar el contexto de los casos”, reconoció Rabin entonces. “Hemos revisado los datos y podríamos recomendar al Comité Ejecutivo, para que a su vez promueva un ajuste en las reglas o determinar que se mantengan los niveles establecidos”.

Pero la burocracia de la WADA se movió rápidamente y sepultó la sugerencia de Rabin. Un día después salió un comunicado negando toda posibilidad de establecer niveles “aceptables” de clembuterol, pese a que cada vez hay más casos de utilización de dicha sustancia en la ganadería a nivel mundial.

A diferencia de cualquier sistema de justicia moderno, para la WADA el jugador es culpable hasta que demuestre lo contrario. En algún punto del camino la burocracia de la agencia perdió el rumbo y consideró aceptable castigar a 10 inocentes con tal de no permitir que un culpable salga indemne.

La apelación a la resolución de la Comisión Disciplinaria de la FMF es una muestra de esa estupidez burocrática que prima en la Agencia Mundial Antidopaje. Sólo queda esperar que el TAS no esté impregnado de esa misma mentalidad.

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