Erick Torres, villano del Tri Sub-20: ¿Pinche Cubo?

Ha sido trending topic nacional en Twitter por más de 17 horas. Erick Cubo Torres es el nuevo villano favorito de la afición mexicana tras la eliminación de la selección nacional en las semifinales del Mundial Sub-20 a manos de Brasil.

Y todo porque el delantero de las Chivas falló una oportunidad clarísima de gol al minuto 88, cuando el partido ya estaba 2-0. En el imaginario colectivo mexicano, si Torres hubiera metido ese gol México seguramente habría empatado en la compensación y la victoria llegaría en los tiempos extras. No, mejor aun, El Tri seguramente habría vuelto a ganar en tanda de penales.

Es por culpa del Cubo que no estamos en la Final del Mundial Sub-20. No de Héctor Acosta, a quien Henrique se le anticipó en el primer gol, o del portero José Antonio Rodríguez, que quizá pudo salir a cortar el centro pero titubeó. No de Edson Rivera, quien pudo anotar el 1-0 al minuto 61. No del equipo entero, porque sabemos que en México las derrotas tienen nombre y apellido.

Pero resulta que Erick Torres es el jugador más “famoso” de esta Sub-20, así que es más fácil señalarlo. A final de cuentas, poco importa que sea el único jugador nacido en 1993 que integra la selección, ni que sea el único delantero titular en su equipo, ni que lleve más goles en Primera División que todos sus compañeros en el ataque juntos. El Cubo está “inflado” por los medios y hay que pegarle.

Es ya una tendencia clásica del aficionado mexicano. Siempre hay que buscar un villano. No hace falta el análisis, simplemente hay que seguir a la turba llorona e ignorante para sentenciar el nuevo enemigo público.

Hace un año muchos culparon al Bofo Bautista de tomar el lugar de Jonathan Dos Santos en Sudáfrica 2010, aunque por la posición de cada uno es obvio que fueron otros los que dejaron fuera el hermano menor de Giovani. Días después fue Guillermo Franco el culpable de todos los males del Tri.

Hoy le toca al Cubo Torres. Lo curioso es que hay razones para criticarlo mucho más válidas que una falla a dos minutos del final. Pocos mencionan su actitud de porro al arranque del partido, cometiendo tres claras agresiones contra sus rivales, incluida una patada de muy mala leche a la cara del portero.

Pero claro, como esos golpes no se vieron reflejados en el marcador ni le costaron la tarjeta roja (que merecía desde el primer incidente), nos hacemos tontos al respecto. Es más fácil echarle la culpa por dejar ir el gol de la honra cuando ya todo estaba perdido.

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