Tri Sub-22: de futbolistas, prostitutas y la prensa

Empecemos dejando algo muy claro: Jonathan Dos Santos, Néstor Vidrio, Javier Cortés, David Cabrera, Israel Jiménez, Néstor Calderón, Jorge Hernández y Marco Fabián (o a quien hayan protegido si fuera cierta esta versión) son una bola de zopencos.

Que a una semana del arranque de la Copa América salieran con su chistecito de una fiesta con prostitutas –en especial sabiéndose en la mira de la prensa y con el antecedente reciente del Tri mayor en Monterrey– fue una idiotez tremenda y, dado que el reglamento de la Selección Mexicana así lo establece, su castigo es merecido e indiscutible para este caso particular.

Esto, sin embargo, no quita que se pueda analizar la proporcionalidad del castigo a la gravedad de la falta, así como la reacción de buena parte de la prensa deportiva, que a su vez tiene gran influencia en la opinión pública, es decir, en los aficionados.

Estimado lector, va a ser un análisis largo, así que vayamos por partes.

¿Por qué se castigó a los ocho seleccionados?

Los ocho jugadores expulsados del Tri Sub-22 violaron los artículos 30.52 y 30.56 del reglamento de selecciones nacionales (puede consultarse en este enlace):

30.52. Durante la concentración y viajes, podrá recibir visitas de personas solo en los horarios especificados y dentro de las áreas asignadas para tal efecto.

30.56. Por ninguna circunstancia, las visitas podrán ingresar a vestidores, campos de fútbol y zona del hotel en el CAR o a habitaciones en los hoteles.

Las sanciones están basadas en el artículo 47 de dicho reglamento:

“El Director General de Selecciones Nacionales comunicará al Consejo Nacional y a la Comisión Disciplinara las infracciones al presente reglamento, cometidas por cuerpo técnico y jugadores para el efecto de que ésta última imponga las sanciones que de acuerdo a su gravedad son las siguientes:

a) Amonestación

b) Sanción Económica

c) Suspensión de participar en la Selección Nacional o en el equipo profesional en el que actúe, en el caso de que haya dejado de asistir a alguna concentración o actividad a la que se le haya citado, sin causa de fuerza mayor debidamente comprobada.

d) Inhabilitación temporal o definitiva.

e) Expulsión de la Selección Nacional o del Futbol Organizado.

Nada más, nada menos. La normativa del Tri no hace distinción entre recibir a familiares, amigos, representantes o prostitutas. Tampoco existe prohibición alguna a sostener relaciones sexuales, ni siquiera la noche previa a un partido.

Técnicamente, lo ocho jugadores de la selección Sub-22 fueron inhabilitados temporalmente y sancionados económicamente por recibir visitas fuera de los horarios especificados y permitir el ingreso de sus visitas a las habitaciones de su hotel.

El castigo: ¿justo, excesivo o queda corto?

Dado que el reglamento no establece parámetros claros para determinar qué sanciones aplican a cada tipo de “indisciplina”, queda a criterio del técnico José Manuel de la Torre y el director de selecciones nacionales Héctor González Iñárritu determinar el castigo en cada caso.

De acuerdo a los reportes publicados sobre este caso, Luis Fernando Tena, técnico de la Sub-22, estaba dispuesto a sancionar a los jugadores con una multa económica y amonestación, pero El Chepo insistió en la separación de los jugadores, al grado de amenazar con retirar a todo el equipo y reemplazarlo con la Sub-20 si los implicados no confesaban.

De la Torre es un técnico de línea dura, de “cero tolerancia” y celoso al extremo de la disciplina. Es su forma de ser y muy respetable, pero también hay otros técnicos igual o más exitosos que él con un enfoque más flexible. Ser un técnico duro no garantiza éxito, como ser un técnico blando no es causa directa de fracaso.

¿Pudo manejarse de otra forma este caso? ¿Fue la falta tan grave como para ameritar el desmantelamiento de la Selección a una semana de debutar ante Chile? ¿Era necesario dar a conocer los nombres de los jugadores implicados? ¿Acaso ya no hay matices y toda indisciplina es causa directa de expulsión del equipo?

Se me ocurren al menos seis “indisciplinas” más graves que la de los ocho seleccionados. Los jugadores 1) no cometieron delito alguno; 2) no se escaparon de la concentración; 3) no insultaron al cuerpo técnico, prensa o aficionados; 4) no llegaron en estado de ebriedad a un entrenamiento o actividad oficial; 5) no provocaron o participaron en una pelea; 6) no mostraron un comportamiento inadecuado en público.

Es importante considerar no sólo la gravedad de una falta, sino también la proporcionalidad  del castigo y las repercusiones de éste. Revisemos los últimos tres casos:

1) Martín Galván. Fue excluido del Mundial Sub-17 de 2009 por un caso similar al de la Sub-22. En ese entonces era la gran figura del Tri, considerado una de las más grandes promesas del futbol mundial y varios equipos europeos lo buscaban.

México terminó eliminado sin pena ni gloria en octavos de final y Galván se derrumbó. En el pasado draft fue cedido por Cruz Azul al Celaya, el equipo benjamín de la Liga de Ascenso.

2) La fiesta en Monterrey. Presionada por la prensa, la dirección de Selecciones Nacionales hizo públicos los castigos a los jugadores involucrados en la fiesta tras el juego amistoso contra Colombia

Tras hacer públicos los castigos, jugadores como Efraín Juárez, Pablo Barrera y Francisco Javier Rodríguez súbitamente perdieron regularidad con sus clubes. También trascendió que El Maza tuvo fuertes problemas conyugales.

3) El escándalo de Quito. Ocho jugadores han sido separados de un equipo que de por sí partía en franca desventaja por el límite de edad impuesto por la Conmebol. Para cubrir esos huecos se recurrió a cinco jugadores de la selección Sub-20 que se prepara para el Mundial de la categoría, además de tres jugadores que se encontraban en plena pretemporada con sus clubes.

Las posibilidades de México lograr algo destacado en la Copa América son remotas y el equipo Sub-20 ha visto su preparación para el Mundial seriamente afectada, pues ya son ocho jugadores de ese plantel los que se encuentran en Argentina en lugar de junto al grupo que dirige Juan Carlos Chávez.

¿Afectó la fiesta el aspecto deportivo?

La respuesta es, de hecho, bastante sencilla: no.

El doctor Ian Shrier, de la Universidad McGill de Montreal, publicó hace más de 10 años un exhaustivo estudio en el que demostró que sostener relaciones sexuales no debilita a los deportistas. Otros estudios anteriores arrojaron la misma conclusión.

Incluso, aunque no esté científicamente probado, muchos deportistas de renombre aseguran tener mejor desempeño tras tener sexo. Romario, Andy Murray y Joe Namath son algunos de los deportistas que han reconocido públicamente su preferencia por sostener relaciones sexuales antes de una competencia. Tiger Woods dejó de ganar torneos justo a partir de que controló su “adicción al sexo”.

Incluso se podría argumentar que la fiesta relajó a los jugadores del Tri Sub-22: antes de Quito, dos derrotas y un empate; después de Quito, dos victorias.

Entonces, si el sexo no tiene impacto en lo deportivo, ¿cuál es el punto de prohibirles a los futbolistas que tengan encuentros con mujeres en sus horas libres?

El papel de la prensa

La prensa tuvo un papel fundamental en este caso, y lamentablemente para mal.

Los periodistas hemos sabido siempre de la relación futbolistas-sexo. Cualquier reportero que haya estado en el hotel de un equipo visitante ha visto a algún jugador recibir visitas femeninas, sea en Primera División o competencias internacionales.

El detalle es que antes a la prensa no le importaba meterse en la cama de los futbolistas. Es de unos años a la fecha que un sector del periodismo se dio cuenta del potencial de ventas que la relación futbolistas-sexo tiene. El morbo vende con mucha más facilidad que la nota seria.

Por esto tenemos en México (y muchas partes del mundo) medios que prefieren publicar con quién se acostó un futbolista que preocuparse por un análisis táctico.

Y en este caso no sólo el amarillismo influyó, sino también la política.

Ahí está el caso de ESPN. Bajo la conducción de José Ramón Fernández, la línea respecto a todo lo que involucre a la Federación Mexicana de Futbol es clara: golpear con todo a Justino Compeán y Decio de María.

Compeán y De María, por supuesto, son un par de personajes indefendibles que mucho bien harían si dejaran el futbol mexicano, pero en su afán de tirarlos a como dé lugar Joserra, Héctor Huerta y muchos de los comentaristas de la cadena (con honrosas excepciones, como Fernando Schwartz) aprovechan cualquier situación para darles con tubo, así tengan que llevarse entre las patas a jugadores, cuerpo técnico y quien se les cruce.

Recordemos su línea respecto al dopaje por clembuterol: por más de dos semanas en todos los programas de ESPN se insistió en que no había posibilidad de perdón para los futbolistas mexicanos, hasta que “descubrieron” (más bien les hicimos notar) que el código de la WADA sí considera el perdón cuando se demuestra que no hay negligencia ni dolo.

De lo que se trata para ESPN (y otros medios con la misma línea) es de tener con qué tirarle a la Federación, incluso cuando en lo deportivo los resultados han sido buenos este verano.

Aunque se niegue, sí es una cuestión de moralismo

Si en lugar de prostitutas los jugadores hubieran pasado la noche con sus novias, la reacción general habría sido mucho menos estruendosa que la que tuvimos el lunes pasado.

No nos hagamos tontos: el escándalo se desató no por una indisciplina como tal, sino por el estigma social de que los jugadores de la selección “hayan ido de putas”, así sea algo común en casi cualquier equipo.

“Es que dan mal ejemplo a los niños”. Moralismo. “Es que dan mala imagen”. Moralismo. “Es que si yo me llevo putas al trabajo me corren”. ¿Desde cuándo las horas de sueño o descanso son horas de trabajo? “Es que representan a México”. ¿Y acaso en México nadie tiene relaciones con sexoservidoras?

“Es que parecen animales, ni que no pudieran aguantarse”. Pase usted dos meses concentrado, de una ciudad y hotel a otra sin ver a la novia o esposa, y luego me dice si es tan fácil como suena. Son futbolistas, no monjes, y lo que hagan de su vida sexual debería tenernos sin cuidado.

Tan es cuestión de moralismo que varios de los clubes de estos jugadores añadieron sanciones a las ya impuestas por la FMF. Salvo Pumas y Jaguares, que consideraron suficiente el escarnio público y perderse la Copa América, el resto de los equipos decidieron castigarlos por la mala imagen dada en Quito.

Conclusión

Repito lo que puse en el segundo párrafo: los ocho jugadores separados de la Selección conocían el reglamento, así que el castigo que se les impuso es justo.

Sin embargo, valdría mucho la pena que la Federación revise sus normativas y matice las sanciones de acuerdo a la gravedad e implicaciones de cada falta, en lugar de adoptar una línea dura sólo por reaccionar a los ataques (justificados o no) de la prensa, línea que a final de cuentas termina perjudicando más en lo deportivo que las propias indisciplinas.

Del lado de prensa y aficionados, tenemos que bajarle al morbo y el ataque para devolver la atención a lo que pasa en la cancha.

En las últimas semanas, México recuperó la supremacía en Concacaf a nivel mayor, lleva marca perfecta en el Mundial Sub-17, la Sub-22 iba en plan ascendente de cara al torneo más importante del continente, la femenil comenzaba su participación en el Mundial y la Sub-20 tuvo un papel aceptable en Toulon.

Pese a ello, los escándalos mandan en la agenda.

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