El Vasco dijo simplemente la verdad, ¿de qué se espantan?

Fue más el tiempo que duró la plática de Javier Aguirre con Cadena SER que lo que tardó en llegar la lapidaria reacción de prensa, directivos y aficionados contra el técnico de la selección mexicana. Quien hace apenas unos meses era el salvador del Tri es ahora un mercenario, conformista, vendepatrias y todos los calificativos que nos podamos imaginar.

En cierto modo, no es de extrañarse esta vorágine de críticas contra El Vasco Aguirre. Somos un país en el que todo lo vemos en blanco y negro, sin matices. Quien fue ayer nuestro héroe puede pasar en cuestión de minutos a ser el villano a la más mínima provocación.

Pero si nos detenemos a reflexionar las declaraciones del técnico tricolor por unos minutos, encontramos que no dijo ninguna mentira ni denigró al país. Simplemente dijo las cosas como son, fiel a su estilo:

– “¿Cómo es que anuncia desde ahora que se va tras el Mundial? Sólo vino por el dinero”. Lo sorprendente no fue la “revelación” de Aguirre, sino que ésta de hecho causara sorpresa entre algún sector de la prensa o la afición. Desde antes de la salida de Sven-Goran Eriksson del Tri se sabía que El Vasco prefería continuar su carrera en España.

Si aceptó fue sólo tras una larga insistencia de la Femexfut (con llamada del presidente Felipe Calderón incluida) y, por supuesto, una oferta muy importante en lo económico, dejando claro que el compromiso era sólo hasta Sudáfrica 2010.

¿Y qué si gana muchísimo? A final de cuentas, estamos hablando de un deporte profesional, en el que obviamente cada deportista o entrenador debe procurarse la mejor remuneración posible.

– “Es un conformista, con esa mentalidad no vamos a lograr nada en Sudáfrica”. Y todo porque recordó que llevamos cuatro Copas del Mundo sin pasar de los Octavos de Final. Claro, sin duda preferimos que nos vendan espejitos y nos digan que seremos campeones mundiales, aunque a quienes pronuncian esas palabras se les olvide en cuanto deben validarlas con hechos (llamada para Hugo Sánchez en la línea 2).

Aquí entra en juego la corta memoria de la prensa y la afición. Aguirre reconoció que hay un trecho importante entre deambular en los puestos 10 al 15 y ser campeones del mundo, pero eso de ninguna manera significa que no aspire a lograrlo. Simplemente, como es su costumbre, optó por la prudencia. ¿Nadie recuerda su discurso con el Osasuna? Incluso en su última campaña, aquella en la que metió a los navarros a la Champions League, su “meta” siempre fue salvar al equipo del descenso primero y pensar en lo demás después.

Con ese tono mesurado Aguirre hizo campeón al Pachuca por primera vez en su historia, salvó el barco de la selección en 2001, se convirtió en el primer técnico mexicano en dirigir a un equipo europeo, metió al modestísimo Osasuna a la principal competencia de clubes de Europa y le devolvió al Atlético de Madrid el protagonismo perdido. ¿Es realmente necesario un discurso estridente y lleno de promesas para saber hasta donde pretende llegar con la selección mexicana en el Mundial?

– “Estuvo mal que hablara de la inseguridad, por patriotismo debió callar al respecto”. Comentarios como éste han aparecido por centenares en muy diversos foros. La verdad no peca, pero incomoda, y en México más.

Un lector de Reforma.com publicó un comentario en el que, tras dos líneas de mentadas de madre contra Aguirre, le recriminaba por dar mala imagen de nuestro país en el extranjero cuando somos un pueblo lleno de gente trabajadora, de buen corazón, que se esfuerza por sus hijos, bla bla bla. Vaya, que somos unos santos a los que Javier no sabe apreciar. No nos engañemos. El Vasco de hecho fue muy mesurado al comentar la situación de México.

Bien pudo haber dicho que somos un pueblo con una clase política podrida, en la que legítimos y espurios se pelean a diario mientras los dinosaurios esperan ansiosos a recoger los pedazos; en el que millones de personas viven del presupuesto y no dudan en afectar a terceros cuando ven sus privilegios en peligro; en el que la delincuencia se sabe a salvo de una inepta y corrupta policía; en el que nos quejamos siempre del gobierno, pero no dudamos en pasarnos un alto o pagar una mordida; que lo queremos todo pero sin tener que levantar un dedo.

Ahora resulta que reconocer las fallas de nuestro país es ser traidores a la patria. Que ante el mundo tenemos que sonreír y pretender que todo está bien. Y luego nos preguntamos por qué estamos como estamos.

Las declaraciones de Javier Aguirre no fueron ni desafortunadas ni fuera de lugar. Fueron declaraciones honestas sobre un país acostumbrado a la hipocresía. El Vasco simplemente dijo la verdad, ¿por qué se espantan?

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